Mi comentario sobre el libro Homo Deus Breve historia del mañana, de Yuval Noah Harari.

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Sapal

Esta es la segunda parte de la trilogía que escribió Harari, en la que retoma varias de las ideas exploradas en “Sapiens” para plantear ahora su análisis enfocado en las posibilidades de futuro que avizora para la humanidad. A partir del dominio que nuestra especie tiene sobre el planeta, sus animales, los sistemas políticos que han sobrevivido a la prueba de la historia y la perspectiva sobre los avances tecnológicos y científicos, el autor propone cuatro ideas fundamentales que va desglosando en su texto.

Las grandes enemigas de la humanidad, la guerra y el hambre están casi erradicadas.

Quizá de las ideas más cuestionables del texto, ante las cuales el autor ofrece múltiples cifras y referencias para sustentar sus dichos. Si bien sigue habiendo guerras y conflictos bélicos, Harari señala que no son tan extendidas ni tan mortíferas como han sido otras en proporción, en siglos pasados. Indica que el número de luchas armadas ha ido disminuyendo y que es muy posible que se eliminen para ser reemplazadas por otras vías (robots, drones, guerra informática, etc.). En cuanto a la alimentación, afirma que lo que está mal no es la escasez sino la distribución inequitativa de los alimentos. En seguimiento a sus tesis en el primer texto, el Harari comenta que ahora estamos padeciendo enfermedades que derivan de la abundancia e ingesta deficiente de alimentos. Por eso ahora enfrentamos no al hambre, sino a serios problemas de obesidad, diabetes, cáncer y muchos que derivan de una gran cantidad de alimentos con aditivos y sustancias que dañan al organismo humano. Una proporción ínfima de la población actual produce en el campo para todos los 7000 millones de personas en el planeta.

La capacidad magistral de los Sapiens que les brindó el dominio sobre otras especies humanas y sobre la tierra o sus recursos es la habilidad de crear realidades intersubjetivas, las cuales les motivan a trabajar coordinados.

La humanidad crea mitos y dioses en forma de religiones, sistemas políticos, modelos socioeconómicos, mercados, etc., y con esta creencia colectiva establece sus mecanismos de colaboración para mantener viva la creencia general. Esto ha derivado en la gran capacidad que tenemos sobre otras especies (como los Neandertales, también del género humano) que no tuvieron la capacidad de abstracción y manejo del lenguaje como para construir estas creencias conjuntas. Estas creencias en realidades supra humanas son tales que motivaran a trabajar o desempeñarse por ‘algo’ más allá de la experiencia de lo inmediato y amanual. En este constructo social están corporaciones, imperios, religiones.

Sin embargo, el gran reto a afrontar es que la tecnología moderna está separando la “conciencia” de la “inteligencia”, con lo cual sistemas no conscientes de sí, pueden aplicar reglas inteligentemente para definir el curso de acción más adecuado. Pongamos por caso, los sistemas automáticos que vigilan la generación de energía, el tránsito aéreo o los precios de los bienes en la grandes tienes en línea.

La última de las religiones es el humanismo y está a punto de morir, para ser reemplazada por el dataísmo

El humanismo es todavía la última gran religión, abarcada a través de diferentes credos. Se le otorga importancia central a la persona humana en su relación ética y ecológica con su medio, con los otros, con la sociedad. Se tiene al hombre como objetivo central de todo el actuar humano social del mundo y su satisfacción. En algunos credos se dice que hasta el Hijo de Dios se sacrificó por el Hombre

En últimas, la búsqueda de la felicidad parece ser un denominador que todos comparten. Sin embargo, al aparecer las grandes empresas informáticas que recaban desde las redes sociales, teléfonos celulares y comportamiento de mercados, todo aquello que hacemos como colectivo, se tiene la posibilidad de que lo que venere en lo sucesivo sea a toda la infraestructura que busca sostener la operación de estos sistemas de análisis. Los precios de las divisas, los precios en el supermercado (ver Fresko, que ajusta varias veces al día sus precios en las pantallas digitales de los anaqueles), el plan de tiempos en los semáforos de una ciudad, los horarios de servicio en las dependencias, todo está controlado por reglas en pos del mayor bien común y la máxima eficiencia operativa.

Todos los organismos y manifestaciones de vida son a fin de cuentas algoritmos (además, algoritmos evolutivos), los cuales rigen en macro escala a las actividades que hacemos no en lo individual sino como especie. Los algoritmos ya controlan mucho de nuestra vida y además los alimentamos constantemente.

En la actualidad mucho de lo que hacemos o podemos hacer está gobernado por algoritmos y datos: los horarios y frecuencias de aviones, trenes, autobuses, los precios de los mercados financieros que reaccionan automáticamente a lo que, por ejemplo, declaran los presidentes. La localización de escuelas, carreteras, rutas de comercio, números de camas en unidades hospitalarias, grupos de clases en una escuela, etc., todo obedece a reglas y algoritmos que se crearon y van siendo refinados en aras de que se tenga siempre los más efectivo para las personas. Al integrarse rutinas y tecnologías de inteligencia artificial los algoritmos se vuelven autónomos y deciden sin intervención humana. ¿Decidirán por su propia supervivencia, como ocurre en varios casos donde los programas eligen aquellas decisiones que han visto por experiencia, ser mejor recibidas que otras? Muchas estrategias electorales y de diálogo político se calibran con base en los ‘me gusta’ y las caritas sonrientes que dejamos en las redes sociales, por ejemplo.

Por supuesto que estas ideas generan muchas críticas y además dejan abierta la posibilidad de que el autor escriba textos más amplios y especializados. Consideremos que las obras que conforman esta trilogía están pensadas para “el gran público”, o sea para quienes no somos eruditos y buscamos conocimiento, reflexión y descanso en el ajetreo de lo cotidiano.

Si deseas mirar al futuro desde otra perspectiva, te recomiendo leer esta obra. Al final del libro vienen muchas citas y referencias para profundizar a ilustrar nuestras opiniones.

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